South Asia Espresso Nescafé 120 cápsulas de Aluminio 12 tubos
Pack de 120 cápsulas de Nescafé South Asia Espresso
El sudeste asiático es la tercera gran región cafetera del mundo tras América y África, y la menos conocida por el consumidor europeo pese a su volumen.
Vietnam, por sí solo, es el segundo productor mundial después de Brasil, aunque su producción se orienta mayoritariamente a robusta destinada a soluble y a mezclas.
Indonesia aporta la otra pata de la región, con orígenes de arábica que tienen carácter propio y una tradición de procesado singular.
El perfil asiático se caracteriza por cuerpo alto, acidez muy baja y unas notas terrosas y de madera que lo separan claramente de los cafés americanos.
Esa particularidad procede en parte del método de procesado húmedo tradicional de Sumatra, que se realiza en dos fases y con el grano a mayor humedad de lo habitual.
El clima de la zona, con lluvias abundantes y poco predecibles, hizo inviable el secado prolongado y obligó a desarrollar técnicas propias.
El resultado es un café que gusta mucho a quien busca cuerpo y desconcierta a quien espera la acidez luminosa de un centroamericano.
En espresso funciona especialmente bien precisamente por esa densidad, que da una taza corta con presencia sin necesidad de un tueste extremo.
El envase de aluminio actúa como barrera total frente al oxígeno, la luz y la humedad, protegiendo el perfil hasta la extracción.
Es un café que gusta mucho a quien busca cuerpo y desconcierta a quien espera la acidez luminosa de un centroamericano.
En espresso funciona especialmente bien por esa densidad, que da una taza corta con presencia sin necesidad de un tueste extremo.
Cuerpo y tierra: qué distingue al café del sudeste asiático
El perfil de los cafés indonesios es lo bastante particular como para que se reconozca a ciegas, y la causa principal no es la variedad botánica ni la altitud sino el método de procesado.
La técnica tradicional de Sumatra, conocida localmente como giling basah, consiste en retirar el pergamino que envuelve el grano cuando este todavía conserva una humedad muy superior a la habitual en otros orígenes.
En la mayor parte del mundo, el grano se seca hasta un doce por ciento de humedad antes de descascarillarlo. Allí se hace en torno al treinta o cuarenta por ciento, con el grano aún blando.
Ese descascarillado en húmedo deforma ligeramente el grano y lo expone al ambiente en un estado en que sigue siendo biológicamente activo, lo que favorece transformaciones que no ocurren en otros procesos.
El resultado es esa característica sensación terrosa, con notas de madera, tabaco y especia, y una acidez prácticamente ausente que da a la taza un perfil pesado y envolvente.
La razón de que se desarrollara esta técnica es climática. La región tiene lluvias frecuentes y poco predecibles, lo que hace inviable un secado prolongado al sol. Acortarlo mediante el descascarillado temprano fue la solución práctica.
Es un buen ejemplo de cómo las condiciones locales moldean los métodos y estos acaban definiendo el sabor de un origen. No hay decisión estética detrás: hay adaptación a un clima concreto.
Sobre Vietnam, su papel en el mercado mundial merece mención aparte. Pasó de una producción marginal en los años ochenta a ser el segundo productor global en dos décadas, con un impacto en los precios internacionales que transformó el sector.
Su producción es mayoritariamente robusta y se destina sobre todo a café soluble y a mezclas industriales, aunque en los últimos años han aparecido lotes de calidad que empiezan a tener recorrido propio.
En cuanto a la preparación, este café responde bien en espresso corto por su densidad natural. Alargarlo diluye el cuerpo, que es precisamente su virtud, y deja al descubierto la ausencia de acidez que en taza corta pasa desapercibida.
Los doce tubos llegan en su embalaje original con lote y fecha de consumo preferente visibles.