Master Italian Style Roast Starbucks, 12 tubos, 120 cápsulas
Pack de 120 cápsulas de Starbucks Italian Style Roast
El nombre de esta referencia es una declaración de intenciones y también un reconocimiento: la cadena de Seattle nombrando el estilo del que aprendió.
El fundador de la marca ha contado en varias ocasiones que la idea de convertir una tienda de café en grano en una cafetería le vino de un viaje a Milán en los años ochenta.
Lo que trasladó a Estados Unidos fue el espresso italiano, aunque adaptado a un público que lo tomaba en vasos grandes y con mucha leche.
Esta referencia hace el camino de vuelta: busca el perfil italiano de origen, con tueste desarrollado, cuerpo denso y crema persistente.
Frente al Espresso Roast habitual de la casa, el estilo italiano apunta a una taza más equilibrada y menos orientada a sostener volúmenes altos de leche.
La diferencia entre ambas escuelas de tueste es real y merece conocerse. El tueste italiano busca cuerpo y dulzor caramelizado; el americano tradicional, más presencia y amargor.
En taza da un café denso, con amargor equilibrado y un fondo tostado sin las notas quemadas que aparecen cuando el tueste se lleva más allá.
Es la referencia más indicada del catálogo de la marca para quien toma el café solo y en taza corta, al modo español o italiano.
Las cajas de esta marca traen doce cápsulas en lugar de las diez habituales del sistema, dato que conviene tener presente al comparar precios.
Compatible con la gama doméstica del sistema Nespresso salvo Vertuo. Conserva los tubos en armario seco alejado del calor.
En taza da un café denso, con amargor equilibrado y un fondo tostado sin las notas quemadas que aparecen cuando el tueste se lleva más allá de su punto.
Las cajas de esta marca traen doce cápsulas en lugar de las diez habituales del sistema, dato que conviene tener presente al comparar precios entre referencias.
Dos escuelas de tueste: qué significa realmente el estilo italiano
La diferencia entre el tueste italiano y el que se impuso en Estados Unidos no es solo de intensidad, aunque suela reducirse a eso. Es de perfil, de tiempo y de objetivo final.
El tueste italiano tradicional busca desarrollar los azúcares del grano mediante un proceso relativamente largo a temperatura controlada, deteniéndolo justo antes de que aparezcan las notas quemadas.
El resultado es un café con cuerpo alto, dulzor caramelizado y amargor presente pero redondo, pensado para beberse en taza pequeña y de un trago.
El tueste que se popularizó en la costa oeste americana lleva el proceso algo más lejos, buscando una presencia capaz de sobrevivir a grandes cantidades de leche y a vasos de medio litro.
Esa diferencia responde a hábitos de consumo distintos y ninguna es superior. Un café diseñado para el latte de medio litro resulta agresivo en taza corta, y uno pensado para espresso desaparece bajo el lácteo.
Hay un detalle técnico que explica por qué el tueste italiano no puede simplemente alargarse: pasado cierto punto, los azúcares dejan de caramelizarse y empiezan a carbonizarse, momento en que aparece el sabor a quemado.
El margen entre el desarrollo óptimo y ese punto es estrecho, y controlarlo es buena parte del oficio de un tostador. De ahí que dos cafés con el mismo grado nominal de tueste puedan saber muy distinto según quién los haya hecho.
En cuanto al uso, esta referencia da su mejor versión en taza corta y sin leche o con muy poca. Es la que más se acerca al café de barra española dentro del catálogo de la marca.
Para bebidas lácteas de volumen alto, el Espresso Roast convencional de la casa está mejor calibrado, porque su perfil está construido precisamente para eso.
Sobre el formato, conviene recordar que las cajas de esta marca traen doce cápsulas frente a las diez del estándar del sistema. Un pack de doce tubos suyo son ciento veinte cafés, y el precio por taza hay que calcularlo sobre esa base.
El pack llega en su embalaje de fábrica con lote y fecha de consumo preferente legibles.
Hay un detalle técnico que explica por qué el tueste italiano no puede simplemente alargarse: pasado cierto punto, los azúcares dejan de caramelizarse y empiezan a carbonizarse. El margen entre el desarrollo óptimo y ese punto es estrecho, y controlarlo es buena parte del oficio del tostador.