Pack 10 kg Café en Grano Colombia | Brasilia Medalla de Oro
Pack de 10 kg de café en grano Colombia de Brasilia Medalla de Oro
El Pack 10 kg Café en Grano Colombia son diez bolsas de un kilo de café de origen único colombiano, cien por cien arábica, en formato de reposición profesional.
Un café de origen procede de un solo país en lugar de combinar procedencias. Gana carácter propio y renuncia a la constancia absoluta año tras año que ofrece una mezcla bien construida.
El país concentra su producción en arábica de altura procesado por vía húmeda, y esa combinación explica la taza que se obtiene: limpia, con acidez definida y con un fondo dulce reconocible.
Es el origen que menos resistencia genera al introducirlo, porque no presenta ni la acidez punzante de algunos africanos ni la pesadez terrosa de ciertos asiáticos.
Esa accesibilidad lo convierte en el origen más seguro para introducir en una carta. Diferencia frente al café de mezcla sin arriesgarse a que el cliente lo rechace por extraño.
La acidez merece una aclaración porque la palabra despista. En café no significa agrio: describe una sensación viva y brillante, más cercana a la de una manzana que a la de un limón, y es lo que distingue a un café de altura de uno de zona baja, que resulta plano.
Diez kilos rinden alrededor de mil cuatrocientos espressos a siete gramos por dosis, repartiendo el sobrecoste de un café de origen entre cientos de servicios.
Sin robusta en la mezcla, la capa superficial resulta más ligera y se disipa antes. En barra conviene avisar al equipo, porque un camarero acostumbrado a otra textura puede pensar que la máquina está desajustada.
Da su mejor versión solo y en taza corta, donde los matices se aprecian sin competencia.
La altitud es el factor determinante: cuanto más despacio madura el fruto, más azúcares y precursores aromáticos acumula el grano. Es la razón de que los cafés de altura tengan más dulzor y más complejidad que los de zonas bajas.
Diez kilos rinden alrededor de mil cuatrocientos espressos calculando siete gramos por dosis, repartiendo entre cientos de servicios el sobrecoste de trabajar con un café de origen en lugar de una mezcla.
Da su mejor versión solo y en taza corta, donde los matices se aprecian sin competencia de la leche ni del azúcar.
Conserva las bolsas precintadas, en lugar fresco, seco y sin luz directa.
Por qué Colombia sabe a Colombia: claves del café en grano Colombia
El perfil de un café depende de tres factores encadenados: la variedad botánica, las condiciones de cultivo y el procesado posterior a la cosecha. Colombia acierta en los tres de una forma bastante particular, y de ahí que su café resulte reconocible incluso para paladares poco entrenados.
En cultivo tiene una ventaja geográfica poco común: la cordillera de los Andes se divide allí en tres ramales, lo que multiplica las laderas orientadas al sol a distintas altitudes. Eso permite cultivar café de altura en una superficie enorme y escalonar las cosechas a lo largo del año en lugar de concentrarlas en una única campaña.
El lavado, mayoritario en el país, separa la pulpa del grano mediante fermentación antes de secarlo. Comparado con dejar secar el fruto entero, el resultado es una taza de perfil más nítido y acidez mejor dibujada, aunque con menos cuerpo y menos carga de fruta madura.
Sobre la altitud, cuanto más despacio madura el fruto más azúcares y precursores aromáticos acumula el grano. Es la razón de que los cafés de altura tengan más dulzor y más complejidad que los de zonas bajas, y de que la altitud sea el criterio de clasificación en casi todos los países productores.
Para una carta, un origen único permite explicar algo que el cliente entiende y recuerda. Decir que el café es colombiano de altura tiene un significado inmediato, mientras que describir una mezcla exige argumentos más técnicos que se pierden en una conversación de barra.
En cuanto a la extracción, este café pide una molienda algo más fina que las mezclas con robusta, porque el arábica solo ofrece menos resistencia al agua. Si al cambiar de referencia el espresso sale demasiado rápido y claro, cerrar un punto el molinillo suele resolverlo.
Sobre la temperatura hay margen de mejora si el equipo lo permite. Moverse hacia la parte alta del rango razonable favorece la extracción de azúcares y redondea la acidez, algo especialmente útil en cafés lavados de altura.
Si se llega desde mezclas muy tostadas, el primer día puede parecer que falta potencia. Lo que falta es amargor, y hace falta una semana larga de consumo para que el paladar deje de buscarlo y empiece a leer lo que sí hay.
Sobre el rendimiento, diez kilos dan alrededor de mil cuatrocientos espressos a siete gramos por dosis, repartiendo el sobrecoste de un café de origen entre cientos de servicios y dejándolo en céntimos por taza.
Al ser cien por cien arábica, la crema es más fina que en las mezclas con robusta, a cambio de bastante más aroma. Conviene saberlo antes de cambiar la referencia de barra, porque un cliente habitual puede leer esa crema más ligera como un problema.
Las diez bolsas llegan en su embalaje original, con lote y fecha de consumo preferente a la vista.