Pack 6 kg Café en Grano Cream Descafeinado Jurado | 6 bolsas de 1 kg
Pack de 6 kg de café en grano Jurado Cream Descafeinado
El Pack 6 kg Café en Grano Cream Descafeinado Jurado son seis bolsas de un kilo de la versión sin cafeína de la gama profesional del tostador alicantino, en grano y con tueste natural.
El descafeinado en grano es una referencia mucho menos habitual de lo que debería en hostelería. Muchos locales resuelven la petición con sobres solubles o con una máquina auxiliar, cuando lo que el cliente espera es el mismo café con la misma crema.
Tener descafeinado en grano exige un segundo molinillo o una tolva adicional, y esa es la razón real de que no esté más extendido. Donde se instala, marca una diferencia clara frente al local de al lado.
La normativa europea obliga a retirar más del noventa y siete por ciento de la cafeína para poder usar la denominación. Lo que queda ronda los tres o cuatro miligramos por taza, bastante menos que un té.
El descafeinado se hace siempre sobre el café verde, antes del tueste, de modo que el grano llega al tostadero ya sin cafeína y se tuesta igual que cualquier otro. Eso permite mantener el perfil de la casa.
Las técnicas de extracción que se emplean hoy conservan bastante bien el perfil aromático. El descrédito que arrastra el descafeinado procede de décadas atrás, cuando se recurría a disolventes que se llevaban por delante buena parte del sabor.
En taza mantiene el registro de la gama Cream: cuerpo medio, amargor contenido, crema consistente y sin acidez marcada.
Seis kilos rinden alrededor de ochocientos cincuenta espressos a siete gramos por dosis, con un coste por taza que ningún formato porcionado se acerca a igualar.
Para un negocio, el volumen tiene sentido si el descafeinado se sirve a diario. Si es una petición ocasional, conviene calcular con cuidado porque su rotación es siempre menor que la del café normal.
Sobre el volumen de compra, en un bar español medio el descafeinado ronda entre el diez y el veinte por ciento de los cafés servidos, con picos más altos en locales con público mayor o en zonas sanitarias. Merece la pena medirlo antes de decidir cuánto pedir.
Hay un matiz técnico que conviene conocer: el grano descafeinado es algo más frágil que el normal, porque el proceso altera ligeramente su estructura. Eso hace que la molienda salga más fina con el mismo ajuste, y explica muchos descafeinados amargos en locales donde no se recalibró.
Ofrecer descafeinado de máquina en lugar de sobre soluble es una decisión de posicionamiento barata y muy visible. El cliente percibe la diferencia de inmediato aunque no sepa explicarla: crema, cuerpo y temperatura frente a café disuelto en agua caliente.
Guarda las bolsas cerradas, en lugar fresco y seco, y abre únicamente la que esté en uso.
Descafeinado en grano para hostelería: el caso del café en grano Jurado Cream Descafeinado
Hay una diferencia enorme entre servir un descafeinado de máquina y servir un descafeinado de sobre, y el cliente la percibe de inmediato aunque no sepa explicarla. El primero tiene crema, cuerpo y temperatura de extracción; el segundo es café soluble en agua caliente. Ofrecer el primero es una decisión de posicionamiento que cuesta poco y se nota.
El obstáculo práctico es el equipamiento. Una cafetera de brazo con un solo molinillo no puede alternar dos cafés sin purgar la cámara, así que en la práctica hace falta un segundo molinillo o una tolva doble. La inversión es modesta y se amortiza rápido en locales donde el descafeinado supone una parte apreciable de los cafés servidos.
Sobre el porcentaje de peticiones, en un bar español medio el descafeinado ronda entre el diez y el veinte por ciento de los cafés, con picos mucho más altos en establecimientos con público mayor o en zonas sanitarias. Merece la pena medirlo antes de decidir el volumen de compra.
Para situar la cafeína residual con cifras, una taza de café normal aporta entre ochenta y cien miligramos y un descafeinado se queda por debajo de cuatro. Un té negro está entre cuarenta y setenta. Es decir, un descafeinado deja bastante menos cafeína que una infusión, dato que tranquiliza a quien lo pide por prescripción médica.
En embarazo, donde la recomendación habitual sitúa el límite en unos doscientos miligramos diarios, alcanzar esa cifra con descafeinado exigiría unas cincuenta tazas. En la práctica elimina la restricción por esa vía.
Sobre la conservación, el descafeinado se comporta igual que cualquier otro café en grano: lo degradan el oxígeno, la luz, el calor y la humedad. La bolsa con válvula protege mientras esté cerrada, y una vez abierta conviene cerrarla bien tras cada uso y moler solo lo necesario.
Hay un matiz específico que conviene conocer: el grano descafeinado suele ser algo más frágil y quebradizo que el normal, porque el proceso de extracción altera ligeramente su estructura. Eso se traduce en una molienda que tiende a salir más fina con el mismo ajuste, así que al cambiar de tolva puede hacer falta abrir un punto el molinillo.
Ese detalle explica muchos descafeinados que salen amargos y goteando en locales donde el ajuste se dejó igual que el del café normal. Es un problema de calibración, no del producto.
Sobre el rendimiento, seis kilos dan alrededor de ochocientos cincuenta espressos calculando siete gramos por dosis. En descafeinado conviene ajustar la previsión a la baja respecto al café normal, porque su rotación siempre es menor y el producto pasaría más tiempo almacenado.
El obstáculo práctico para servir descafeinado en grano es el equipamiento. Una cafetera con un solo molinillo no puede alternar dos cafés sin purgar la cámara, así que hace falta un segundo molinillo o una tolva doble. La inversión es modesta y se amortiza rápido donde el descafeinado tiene peso.
Las seis bolsas llegan precintadas de fábrica, con lote y fecha de consumo preferente visibles.