Classique L'or Crema Absolu Café en grano 4 bolsas de 500 gr
Pack de 2 kg de café en grano L'OR Crema Absolu Classique
El nombre de la gama anuncia la intención: está formulada para maximizar la crema, que es el atributo que más se mira al servir un espresso aunque no sea el que más se saborea.
Conseguir crema abundante depende de tres factores: la especie del grano, el punto de tueste y el tiempo transcurrido desde ese tueste.
El primero es el que más pesa. El robusta contiene bastante más cantidad de los compuestos que forman la capa densa en superficie, y por eso las mezclas orientadas a crema suelen incorporarlo.
El segundo es el desgasificado. Un café recién tostado libera dióxido de carbono durante días, y ese gas es el que forma la crema al salir de la solución en la extracción.
De ahí que un café demasiado fresco dé crema exagerada pero inestable, y uno demasiado viejo apenas dé ninguna. La ventana útil suele situarse entre una y cuatro semanas desde el tueste.
En taza, esta mezcla da un perfil clásico de espresso continental: cuerpo medio-alto, amargor equilibrado y una crema densa que aguanta sobre la superficie.
El formato de cuatro paquetes de medio kilo permite mantener precintado lo que no se está usando, algo relevante cuando la crema depende del gas retenido en el grano.
Dos kilos rinden alrededor de doscientos ochenta espressos a siete gramos por dosis, con un coste por taza que ninguna cápsula iguala.
Responde bien tanto en máquina de brazo como en superautomática con molinillo integrado, que es donde este tipo de mezcla se usa habitualmente.
Conserva los paquetes cerrados, en lugar fresco, seco y sin luz, abriendo únicamente el que esté en uso.
Responde bien tanto en máquina de brazo como en superautomática con molinillo integrado, que es donde este tipo de mezcla se emplea habitualmente.
Dos kilos rinden alrededor de doscientos ochenta espressos a siete gramos por dosis. En una casa con dos cafés diarios, el pack cubre unos cinco meses abriendo un paquete cada vez.
La crema no es solo estética: qué hay detrás del L'OR Crema Absolu Classique
La crema de un espresso tiene mala fama entre los puristas, que la consideran un elemento visual más que gustativo. Es una simplificación injusta, porque cumple funciones concretas en la taza además de la evidente.
Retiene aromas volátiles que de otro modo se perderían en el aire, actuando como una tapa sobre la bebida. Y aísla térmicamente, ayudando a que el café mantenga la temperatura durante los primeros minutos.
Dicho eso, es cierto que una crema abundante no garantiza un buen café. Se puede conseguir crema espectacular con un café mediocre muy fresco, y un café excelente con dos meses desde el tueste dará poca crema aunque la taza esté perfecta.
Por eso conviene entender los factores que la producen antes de juzgar un producto por ella. El más importante es el dióxido de carbono retenido en el grano tras el tueste, que se libera al caer la presión en la salida y forma la emulsión.
Ese gas se va escapando con el tiempo, en un proceso llamado desgasificado. Un café de dos días da crema exagerada e inestable que se disipa en segundos; uno de dos meses apenas da nada. Entre una y cuatro semanas suele estar el punto.
El segundo factor es la composición. Las especies y variedades no aportan lo mismo, y una proporción de robusta eleva la crema de forma notable. Es la razón por la que la tradición italiana lo incorpora en las mezclas de bar.
El tercero es la extracción. Una molienda demasiado gruesa deja pasar el agua sin resistencia y la crema sale escasa y clara; una demasiado fina la produce oscura y con manchas. El punto correcto está en que el espresso se complete entre veinticinco y treinta segundos.
Ese ajuste hay que revisarlo al abrir cada paquete, porque un café con más gas retenido opone más resistencia y modifica el tiempo de extracción respecto al ajuste anterior.
Sobre el formato, mantener tres paquetes precintados mientras se consume el primero tiene aquí un valor añadido: el envase con válvula unidireccional deja salir el gas del tueste sin dejar entrar aire, de modo que el grano conserva mejor su capacidad de generar crema.
Un paquete abierto, en cambio, pierde gas con más rapidez, y esa es la razón por la que la crema de las últimas dosis de un envase grande suele ser inferior a la de las primeras.
Los cuatro paquetes se envían precintados de fábrica, con la trazabilidad de lote y la caducidad impresas.
Conviene una advertencia sobre las superautomáticas: la mayoría viene configurada de fábrica en un punto de molienda medio que rara vez es óptimo para una mezcla concreta. Revisar ese ajuste al cambiar de café mejora el resultado más que cualquier otra intervención.
El envase incorpora válvula unidireccional, que deja salir el gas del tueste sin permitir la entrada de aire. Es lo que mantiene intacta la capacidad del grano de generar crema mientras el paquete siga precintado.