Brazil Nescafé. 120 cápsulas de Aluminio formato ahorro
Pack de 120 cápsulas de Nescafé Brazil para Nespresso
Brasil produce alrededor de un tercio del café mundial, más que los tres siguientes países juntos, y esa escala condiciona el mercado entero.
Su perfil es el que la mayoría de la gente identifica como sabor a café sin saberlo, porque está presente en buena parte de las mezclas comerciales del planeta.
Se caracteriza por notas de chocolate y fruto seco sobre un fondo dulce, con acidez baja y cuerpo notable, lo que lo convierte en la base ideal de cualquier mezcla.
La razón de esa acidez contenida está en la altitud: buena parte del café brasileño crece en zonas de altura moderada, donde el fruto madura más rápido.
Y en el procesado, mayoritariamente natural o semilavado, que consiste en secar el grano dentro del fruto en lugar de retirar la pulpa antes.
Ese método aporta más dulzor y más cuerpo que la vía húmeda, a cambio de una taza algo menos limpia y con la acidez menos definida.
Tomado en solitario, como aquí, resulta un café accesible y sin aristas, especialmente adecuado para quien encuentra ácidos los orígenes centroamericanos.
También es de los que mejor aguantan un poco de leche entre los cafés de origen, precisamente por ese cuerpo y ese dulzor de base.
El envase de aluminio actúa como barrera total frente al oxígeno, la luz y la humedad, protegiendo los aromas hasta el momento de la extracción.
Tomado en solitario resulta un café accesible y sin aristas, especialmente adecuado para quien encuentra ácidos los orígenes centroamericanos.
Ciento veinte cápsulas cubren dos meses con dos cafés al día, o cuatro con uno, con cada unidad sellada hasta el momento de la extracción.
El café que sabe a café: por qué Brasil es la base de casi todas las mezclas
Hay un motivo por el que el perfil brasileño resulta familiar incluso a quien nunca ha comprado un café de origen: está en casi todo lo que se bebe. Su volumen de producción hace que sea el componente base de la mayoría de las mezclas comerciales del mundo.
Esa omnipresencia ha moldeado lo que el consumidor medio entiende por sabor a café. Las notas achocolatadas y de fruto seco, el dulzor de fondo y la acidez discreta son los rasgos que la mayoría espera encontrar en una taza.
De ahí que un café brasileño en solitario resulte reconocible y cómodo, mientras que un etíope o un keniano, con acidez marcada y notas florales, desconcierten a quien no está preparado.
Sobre el procesado, la diferencia con otros orígenes es determinante y merece explicarse. En la vía húmeda, mayoritaria en Colombia o Centroamérica, se retira la pulpa del fruto antes del secado mediante fermentación y lavado.
En el proceso natural, habitual en Brasil, el fruto se seca entero al sol con el grano dentro. Los azúcares de la pulpa migran hacia la semilla durante ese secado, y eso aporta el dulzor y el cuerpo característicos.
La contrapartida es que resulta más difícil de controlar. Un secado irregular puede producir fermentaciones no deseadas, y por eso los lotes naturales de calidad exigen vigilancia constante durante el proceso.
Esa técnica tiene, además, una lógica geográfica. Brasil dispone de estaciones secas fiables durante la cosecha, condición sin la cual el secado natural no es viable. En zonas con lluvias impredecibles hay que recurrir a la vía húmeda por necesidad.
En cuanto a la preparación, este café responde bien tanto en espresso corto como algo más largo, porque su cuerpo aguanta la dilución mejor que un origen de acidez alta.
Si en algún momento resulta demasiado plano, acortar ligeramente el agua concentra el dulzor y le da más definición, que es el ajuste habitual con orígenes de baja acidez.
Dentro de la gama de orígenes de este fabricante conviven varias procedencias con perfiles muy distintos. Tener dos o tres a la vez y alternarlas es la mejor forma de aprender a distinguir de dónde viene lo que se bebe.
Esa técnica de secado tiene una lógica geográfica ineludible. Brasil dispone de estaciones secas fiables durante la cosecha, condición sin la cual el secado natural no sería viable. En zonas con lluvias impredecibles hay que recurrir a la vía húmeda por necesidad, no por preferencia.