Espresso Point 100 cápsulas 50% arábica 50% robusta marca Mogorttini
Caja de 100 cápsulas de Espresso Point Mogorttini 50% arábica
El Espresso Point 100 cápsulas 50% arábica 50% robusta marca Mogorttini es la propuesta de marca propia para uno de los sistemas más asentados en el vending y la oficina española.
Espresso Point es un sistema desarrollado por Lavazza para el canal profesional, con una cápsula rígida de plástico que se introduce en un portacápsulas y que lleva años funcionando en máquinas de oficina de toda España.
Su longevidad tiene una explicación sencilla: son máquinas robustas, fáciles de mantener y con un parque instalado enorme. Muchas oficinas siguen con el equipo que compraron hace una década porque sencillamente no se estropea.
La mezcla al cincuenta por ciento entre arábica y robusta es la fórmula clásica del espresso de oficina, y responde a un motivo técnico además de económico.
El arábica aporta aroma, dulzor y complejidad; el robusta aporta cuerpo, amargor y sobre todo crema. En un café que se sirve en vaso de plástico y se bebe deprisa, la crema y el cuerpo pesan más que los matices.
Esa proporción es más alta en robusta que la de un espresso italiano de bar, que suele quedarse entre el diez y el treinta por ciento, y da como resultado una taza más contundente y con crema abundante.
Al ser marca del grupo, el precio por cápsula se sitúa muy por debajo de la referencia original del sistema, y en un consumo de oficina esa diferencia se acumula rápido.
Cien cápsulas cubren alrededor de una semana en una oficina de diez personas, o varias semanas en un despacho pequeño.
Dentro de la gama conviven además la versión cien por cien arábica, más aromática, y la descafeinada, ambas compatibles con la misma máquina.
Su punto débil, comparado con sistemas más recientes, es el residuo. La cápsula es de plástico rígido y genera más volumen de desecho que un pod de papel o que una cápsula de aluminio, que al menos se recicla de forma indefinida.
En cuanto al mantenimiento, el sistema agradece un enjuague periódico del portacápsulas y una descalcificación con la frecuencia indicada. En zonas de agua dura la cal es la causa número uno de que un equipo empiece a dar cafés templados.
Cien cápsulas cubren alrededor de una semana en una oficina de diez personas, o varias semanas en un despacho pequeño con consumo moderado.
Guarda la caja en lugar seco y a temperatura estable, alejada de focos de calor.
Por qué el robusta manda en la oficina: el Espresso Point Mogorttini
Hay una diferencia importante entre el café que uno elige para sí mismo y el que funciona en un entorno compartido, y las mezclas de oficina están diseñadas para lo segundo. La circunstancia de consumo condiciona la fórmula tanto como el gusto.
En una oficina el café se sirve normalmente en vaso de plástico o de cartón, se bebe en pocos minutos y a menudo mientras se hace otra cosa. En esas condiciones, los matices aromáticos de un arábica de altura se pierden por completo: nadie los va a percibir. Lo que sí se percibe es si el café tiene cuerpo, si tiene crema y si aguanta el rato que tarda en beberse.
El robusta aporta exactamente eso. Contiene más de los compuestos que forman la crema, más cuerpo y un amargor que se mantiene aunque la bebida se temple. Por eso las mezclas de canal profesional llevan proporciones de robusta mucho más altas que las de consumo doméstico.
El componente económico también cuenta, y no tiene sentido negarlo: el robusta cotiza sensiblemente por debajo del arábica. Pero reducirlo todo a coste sería inexacto, porque una mezcla cien por cien arábica en una máquina de oficina daría una taza más floja y con menos crema, y las quejas llegarían igual.
Sobre el sistema Espresso Point, su punto fuerte es la fiabilidad mecánica. La cápsula rígida se introduce en un cajón o portacápsulas y el mecanismo es simple, con pocas piezas que puedan fallar. En un entorno donde la máquina la usa gente que no la cuida, esa robustez es lo que explica que sigan funcionando equipos con muchos años encima.
Su punto débil, comparado con sistemas más recientes, es el residuo: la cápsula es de plástico rígido y genera más volumen de desecho que un pod de papel o que una cápsula de aluminio, que al menos se recicla de forma indefinida. Es un factor a considerar en empresas con política ambiental.
En cuanto al mantenimiento, este sistema agradece un enjuague periódico del portacápsulas y una descalcificación con la frecuencia que indique el fabricante. En zonas de agua dura, la cal es la causa número uno de que un equipo empiece a dar cafés templados, y el deterioro es tan progresivo que en una oficina nadie lo detecta hasta que alguien lo compara con otra máquina.
Para calcular el volumen de compra, la referencia útil es que una persona toma de media entre uno y dos cafés en jornada laboral. Con diez personas, eso son entre cincuenta y cien cápsulas semanales, cifra que permite ajustar bastante bien la periodicidad de los pedidos.
Al ser marca del grupo, el precio por cápsula se sitúa muy por debajo de la referencia original del sistema. En una oficina donde el consumo es diario y previsible, esa diferencia se acumula con rapidez y es de las pocas partidas de gasto corriente que se pueden reducir sin que nadie note un recorte.
Dentro de la gama conviven además la versión cien por cien arábica, más aromática y con menos cuerpo, y la descafeinada. Ambas son compatibles con la misma máquina, de modo que se puede cubrir a quien no toma cafeína sin cambiar de sistema ni de proveedor.
La caja se envía en su embalaje original con lote y fecha de consumo preferente legibles.